Como primera lluvia salimos; volver así de mojados era evidentemente la idea de la salida. ¿Qué pasa? Una tormenta Agu, mira el cielo!! Escucha! ¡¡¿Lo oíste?!! A abrigarse y caminar, la caminata fue dulcemente acompañada de granizo! No sólo no habíamos aun tenido lluvia de una forma trágica para esta capital. Tampoco existían antecedentes de granizo en ninguna parte de esta zona. Las micros no pasaban la prueba de fuego; como el aire tampoco oía Aleluyas. Es otro hogareño, maternal, infantil, familiar día de Junio ya!! Aun creía estar en Mayo. Ah pero ojo! Yo escribo estas lineas en confundible y relegado Junio, todo esto aun pasaba en Mayo.
Me inspira hablar de hoy; de este día que acaba ahora, aunque no sea en la rigidez del cronos. El efecto pegotino de la miel. ¿Tú quieres miel? Y tras esa pregunta una confesión; una atorada confesión; mutua por cierto; en mi caso ya casi ahogada. Ellos se extrañan y no se buscan; se encuentran y se necesitan. Se mueven, se revolucionan y se aceleran. Impetuosamente se juntan, se revuelven, parecen miméticos; era todo fuerza centrífuga; parece todo unirse de nuevo; pero inevitablemente terminamos en la virgen decantación. Es que frustra y divierte ver esa conjunción de opuestos; inversos incluso. Pareciera partir todo en la expectación de lo planificado; lo devidamente medido, aplicado y de constantes revisiones. Cuando una mujer sube una ascensor a esa hora, en ese lugar para lo que talvez sabe el vigilante conserje, como debe comportarse en ese espejo ascendente? Tanta seriedad tras la solitaria cáamra dificilmente se crea verosímil. Soy evidentemente lo único que ese hombre en el mesón mira ocurrir en el lugar. Y desde el inicio obviamente; desde el segundo mismo que debo en el petitorio del estacionar. Pero tampoco es la idea evidenciar el maligno sonreir. ¿Por qué darle ese voyerista premio? No, definitivamente prefiero la íntima distancia de no estar con él entremedio mientras él se encuentre en sus fantasías con nosotros. Y hasta nosotros mismos metidos en esa fantasía.
Fue definitivamente la menos sensual ni tampoco romántica escena de entrada. Todo el cuadro estuvo mal. La puerta no salió como se anhelaba; esos malditos e insegurizantes ojillos que te cambian la posición siendo atrapada en su abertura, el abrazo sí; eso si salió bien. Pero luego ¿Aun oculta en la timidez? Si ambos saben que día es hoy. Esa conversación entrante talvez sale mal justamente por lo propio adecuado de su presencia. Sobrante completamente. ¿Carreñisticamente correcta acaso? Si así fuese entonces lo comprendería claramente! Jaja, esos rasgos tan propios de ese hombre! Talvez eso sea justamente porque la conversación le salió mal a la volaíta, malignamente naif y setentera “niña”. Mal por ser naif y mal por ser niña. Las amantes son adultas, ágiles y precisas; hayandonos frente a eso en un tercer “desajustado”. Toda la óptica de la relación de esos dos seres humanos ha cambiado por lo visto. Debe entonces ser parte de los chascarros adapativos.
Claramente el primer acercamiento de dos seres humanos novatos en situaciones así los calma. Pues esas manos, ese beso, ese sillón y esos temas ya si fueron reales. Uff, respira aliviada la chica por unos segundos; la idea de pararse de esa distancia reconforta y además permite el cambio climático; aun mucho abrigo por el trayecto exterior. Ya cerca de él; más linda en sus propios cortes e hilares, más libre y más resuelta; evidentemente menos forzozamente protocolar, se puede iniciar esta visita.
(continuará...)

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